Pocos perros en el mundo tienen una historia tan rica y mística como el Shih Tzu, una raza envuelta en leyendas, antiguas dinastías y un profundo simbolismo espiritual. Aunque hoy lo vemos como un perro de compañía adorable y elegante, su pasado nos lleva directamente a los templos budistas y palacios imperiales de la antigua China.
Un regalo de los dioses
El origen del Shih Tzu se remonta a siglos atrás, cuando los monjes tibetanos criaban perros pequeños similares a leones, en honor a la figura sagrada del león en el budismo. Estos canes fueron ofrecidos como obsequios a los emperadores chinos, quienes los recibieron con devoción y los integraron a la realeza. De hecho, el nombre «Shih Tzu» significa «perro león» en chino, y eran considerados auténticos tesoros vivientes en la corte imperial.
Compañeros de la nobleza china
Durante las dinastías Ming y Qing, el Shih Tzu se convirtió en un símbolo de estatus. No era raro que vivieran dentro del Palacio Imperial, rodeados de sirvientes y cuidados con extrema dedicación. Su tarea no era cuidar ni vigilar, sino acompañar. Su dulce temperamento, su pelaje largo y sedoso, y su andar elegante lo convirtieron en el favorito de emperatrices y concubinas.
Casi extintos en el siglo XX
Con la caída del imperio chino, la raza estuvo a punto de desaparecer. Fue gracias a un pequeño grupo de ejemplares que lograron salir de China y llegar a Europa que se logró preservar su linaje. A partir de allí, comenzó su expansión global como perro de compañía, sin perder su porte aristocrático.
Curiosidades que quizás no sabías del Shih Tzu
- A pesar de su pequeño tamaño, son perros valientes y con mucha personalidad.
- Su pelaje puede crecer hasta tocar el suelo, lo que requiere cepillado constante.
- Tienen un andar que recuerda al de un felino, por eso muchos los consideran elegantes.
- Fueron tan valiosos para la realeza china que robar o lastimar uno era considerado un crimen grave.
El Shih Tzu es un ejemplo fascinante de cómo una raza puede trascender el tiempo y mantener su esencia. Su historia nos recuerda que cada perro, por pequeño que sea, puede llevar en sus genes siglos de tradición, misticismo y conexión con el ser humano.


